Tras la conclusión de la final de la Copa del Mundo, que enfrentó a las selecciones de España y Argentina, el mediocampista español Gavi se refirió públicamente a un incidente ocurrido en el terreno de juego con el volante argentino Leandro Paredes. El jugador del Barcelona abordó el altercado, que captó la atención de los medios internacionales, ofreciendo su perspectiva sobre la conducta de su colega y la naturaleza de la confrontación deportiva.

El futbolista español reconoció que el episodio, marcado por una agresión física, no representa un ejemplo positivo para el público infantil que sigue el deporte. Sin embargo, al analizar la situación con mayor profundidad, el mediocampista matizó sus declaraciones al señalar que, dentro de la dinámica competitiva, existen momentos donde la intensidad del juego puede derivar en comportamientos más agresivos. Según su análisis, este tipo de roces forman parte de una faceta inherente al fútbol profesional, aunque admitió que la resolución ideal durante el encuentro debió haber sido una sanción disciplinaria inmediata.

Al ser consultado sobre si Paredes debería enfrentar medidas disciplinarias adicionales o una suspensión por su accionar, Gavi mostró una postura conciliadora y descartó que fuera necesaria una sanción mayor. El jugador español argumentó que, a pesar de la gravedad del gesto, no considera que el volante de Boca Juniors deba ser castigado fuera de lo que ya ocurrió en el campo de juego. Para el mediocampista, la justicia deportiva debió aplicarse en el momento del partido mediante una expulsión, pero una vez finalizado el cotejo, el asunto debe considerarse cerrado.

El jugador español enfatizó que, aunque la imagen proyectada no fue la más adecuada para la audiencia joven, es fundamental comprender el contexto de alta tensión en el que se disputan finales de esta magnitud. Su mensaje final fue de tranquilidad, restando importancia a las consecuencias posteriores del incidente. Gavi insistió en que los conflictos que surgen durante los noventa minutos deben quedar confinados al rectángulo de juego, promoviendo una visión donde el fútbol, con sus luces y sombras, debe seguir su curso natural.

Con estas declaraciones, el mediocampista busca poner punto final a la polémica que surgió tras el pitazo final. Su llamado a la calma refleja una intención de normalizar los roces competitivos, sugiriendo que, al final del día, todo se reduce a la pasión y la intensidad propias de la disciplina. De esta manera, el deportista intenta cerrar el capítulo sobre el enfrentamiento, enfocándose en la experiencia vivida en la final mundialista y dejando atrás las tensiones que se vivieron en el césped.