El gigante tecnológico Apple ha iniciado una batalla legal de gran envergadura contra OpenAI, acusando a la startup de inteligencia artificial de llevar a cabo una estrategia sistemática de espionaje industrial y robo de secretos comerciales. Según la demanda presentada, que consta de 41 páginas, OpenAI habría orquestado un plan para sustraer información confidencial, acceder a prototipos de hardware y manipular a socios comerciales de Apple con el objetivo de acelerar el desarrollo de su propio dispositivo de hardware, cuya presentación se espera para el próximo año.

El núcleo de la controversia recae sobre las actuaciones de tres ex empleados de Apple que se trasladaron a OpenAI: Tang Tan, Chang Liu y Yu-Ting “Alyssa” Peng. Tan, quien ocupó cargos de alta responsabilidad en Apple durante más de dos décadas antes de unirse a la firma de hardware de Jony Ive —posteriormente adquirida por OpenAI—, es señalado como una figura central. Se le acusa de solicitar activamente secretos industriales durante las entrevistas de trabajo a candidatos provenientes de Apple, llegando a pedirles que llevaran consigo componentes físicos y muestras de productos no lanzados para realizar sesiones de demostración.

La demanda detalla prácticas de seguridad vulneradas de forma deliberada. Chang Liu, por ejemplo, es acusado de retener un equipo informático propiedad de Apple tras su salida de la compañía y de utilizar una vulnerabilidad de red, previamente desconocida por el equipo de seguridad de Apple, para acceder a almacenamiento en la nube y descargar archivos técnicos sensibles. Entre la información presuntamente sustraída se encuentran especificaciones de ingeniería, detalles sobre procesos de fabricación de placas base y datos sobre proyectos futuros. Según los documentos judiciales, Liu compartió estos hallazgos con Peng, quien a su vez habría continuado filtrando información sobre proyectos internos y relaciones con proveedores una vez que ella también se incorporó a OpenAI.

Además de la sustracción de datos, Apple sostiene que OpenAI implementó una estrategia de asesoramiento para que sus empleados pudieran evadir los protocolos de seguridad al abandonar la compañía. La demanda afirma que la startup instruía a los trabajadores sobre cómo evitar las entrevistas de salida, cómo no firmar documentos de confidencialidad y cómo ocultar su nuevo destino laboral para no ser bloqueados de los sistemas internos de manera inmediata. Esta táctica, según Apple, ha facilitado un flujo constante de secretos comerciales que han beneficiado directamente el desarrollo del hardware de la competencia.

Finalmente, la acusación se extiende al ámbito de la cadena de suministro. Apple alega que OpenAI se puso en contacto con socios comerciales de confianza, engañándolos al sugerir que contaban con autorización para utilizar técnicas propietarias de acabado metálico. Asimismo, la empresa de IA habría utilizado nombres en clave internos y datos confidenciales para interrogar a proveedores sobre componentes específicos de baterías y energía, buscando obtener una ventaja competitiva injusta. Por su parte, un portavoz de OpenAI ha negado las acusaciones, afirmando que la organización no tiene interés en los secretos comerciales de terceros y que su enfoque se mantiene exclusivamente en la innovación tecnológica propia.