La crisis sanitaria en Venezuela se ha intensificado tras los terremotos ocurridos el pasado 24 de junio, los cuales dejaron una infraestructura gravemente dañada y miles de familias desplazadas. Actualmente, cerca de 21.000 personas damnificadas se encuentran alojadas en campamentos temporales distribuidos entre Caracas y La Guaira. Esta situación, sumada a la precariedad en el suministro de servicios básicos, ha generado una alerta urgente por parte de especialistas en infectología sobre el riesgo de brotes de enfermedades infecciosas.

El colapso de las redes de agua potable y la escasez de instalaciones sanitarias adecuadas en los refugios impiden que la población mantenga normas básicas de higiene. Según datos de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2025, aunque la mayoría de las viviendas están conectadas a tuberías, solo el 19 % recibe el servicio de forma continua. Esta deficiencia hídrica, agravada por las altas temperaturas y la sequía, facilita la propagación de infecciones gastrointestinales como diarreas, disentería y hepatitis A, además de enfermedades respiratorias.

Patricia Valenzuela, expresidenta de la Sociedad Venezolana de Infectología, ha advertido que el consumo de agua no segura y la falta de lavado de manos son factores críticos. Bacterias como la Escherichia coli, Shigella y Salmonella, junto con parásitos como la Entamoeba histolytica, representan amenazas constantes para la salud intestinal de los damnificados. Asimismo, la experta señaló que el almacenamiento inadecuado de agua en recipientes destapados crea criaderos ideales para mosquitos vectores del dengue, zika y chikungunya, complicando aún más el panorama epidemiológico.

La situación se vuelve más compleja ante la llegada del fenómeno climático "El Super Niño", que alterna sequías con intensas precipitaciones. Este escenario favorece la circulación de virus respiratorios, incluyendo el SARS-CoV-2 y la influenza, los cuales se transmiten fácilmente en espacios concurridos como los campamentos. Ante este riesgo, se han emitido recomendaciones específicas para el manejo del agua, sugiriendo hervirla durante varios minutos o utilizar filtros purificadores, además de mantener una estricta separación de residuos en los refugios para evitar focos de contaminación.

La infectóloga fue enfática al desaconsejar la automedicación, señalando que el uso indebido de fármacos puede enmascarar síntomas graves o generar reacciones adversas. Ante cuadros de fiebre persistente, dolor abdominal intenso, vómitos o dificultad respiratoria, es imperativo acudir a centros de salud. La prevención, basada en el acceso a agua segura y la higiene personal, se perfila como la estrategia fundamental para evitar que las condiciones actuales deriven en una emergencia sanitaria de mayores proporciones en las zonas afectadas por los sismos.