La carretera principal que conecta a Caracas con la parroquia El Junquito enfrenta una crisis de infraestructura agravada por la falta de mantenimiento y los daños estructurales derivados de los sismos ocurridos el pasado 24 de junio. Ante la ausencia de soluciones definitivas por parte de las autoridades, los residentes de la zona han optado por intervenir directamente en la vía, utilizando palas, tierra y escombros para rellenar grietas y socavones que amenazan con dejar incomunicada a esta comunidad del oeste de la capital.

El deterioro de esta arteria vial, que es la única vía de acceso para miles de familias, no es un problema reciente. Durante la última década, los habitantes han denunciado de manera constante la precariedad de la carretera, caracterizada por botes de aguas servidas, falta de iluminación, ausencia de señalización preventiva y trabajos de asfaltado inconclusos. Esta situación ha obligado a restringir el tránsito en varios tramos, generando colas que superan los 40 minutos en horas pico, lo que impacta tanto la movilidad de quienes se desplazan hacia Caracas por motivos laborales o académicos como el mantenimiento de los vehículos particulares, cuyos dueños reportan daños frecuentes en trenes delanteros y amortiguadores.

La situación se tornó crítica tras el doble sismo registrado a finales de junio, el cual provocó desprendimientos parciales en los bordes de la carretera, deslizamientos de tierra en laderas inestables y afectaciones estructurales en viviendas cercanas. A pesar de la magnitud de estos daños, los tramos afectados carecen de medidas de seguridad, como conos o defensas, lo que aumenta el riesgo para los conductores, especialmente durante las noches, cuando la falta de alumbrado público y la neblina habitual reducen drásticamente la visibilidad.

Aunque la Alcaldía de Caracas ha ejecutado labores intermitentes, como la sustitución de tuberías de aguas servidas iniciada en abril, los vecinos señalan que las obras han sido insuficientes y, en ocasiones, han dejado la vía en peores condiciones. Tras el cierre parcial de la carretera en junio y restricciones nocturnas en agosto, la comunidad ha criticado la falta de continuidad en los trabajos. En sectores como San Rafael, los residentes han tenido que tomar la iniciativa de rellenar hundimientos para evitar que la erosión termine de socavar el terreno y cortar el paso vehicular.

Por su parte, las autoridades han anunciado a través de redes sociales la construcción de una pantalla atirantada en el kilómetro 1, como parte de un plan de prevención de riesgos ante lluvias y movimientos telúricos. Sin embargo, los habitantes de El Junquito expresan escepticismo ante estos anuncios oficiales, argumentando que las intervenciones suelen ser superficiales y se detienen poco después de iniciarse. Mientras esperan respuestas concretas sobre presupuestos y fechas de culminación, los vecinos mantienen la incertidumbre sobre la estabilidad de la carretera, temiendo que un nuevo deslizamiento pueda aislarlos definitivamente.