En el mes de junio, Venezuela se posicionó como la segunda nacionalidad con mayor número de deportaciones desde Estados Unidos, siendo superada únicamente por México. Según datos recopilados por TRAC Immigration, las autoridades migratorias estadounidenses ejecutaron la expulsión de 10.939 ciudadanos venezolanos durante este periodo. Este incremento en las cifras de repatriaciones responde a una tendencia al alza, con un aumento del 30% en las órdenes de deportación emitidas por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en comparación con el mes de mayo, en un contexto marcado por una creciente presión migratoria y judicial bajo la actual administración estadounidense.

El informe detalla que los estados de Illinois, Massachusetts, Nueva Jersey, Pensilvania y Texas fueron los puntos de origen desde donde se registró la mayor cantidad de salidas de venezolanos deportados. Asimismo, el reporte subraya la dificultad que enfrentan los migrantes para asegurar su permanencia legal en el país norteamericano. Durante junio, apenas el 1,9% de las personas que comparecieron ante las audiencias migratorias lograron obtener algún tipo de alivio legal o protección frente a las órdenes de expulsión. En la lista global de deportaciones, tras México (15.773) y Venezuela (10.939), se situaron Honduras, Guatemala, Colombia, Nicaragua y El Salvador.

Un episodio crítico vinculado a este flujo de repatriaciones ocurrió el 24 de junio, cuando el vuelo 164 aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía con 146 ciudadanos venezolanos deportados a bordo. Horas después de su llegada al país, un doble sismo sacudió el territorio nacional, desencadenando una tragedia adicional para este grupo. Tras ser recibidos por las autoridades, los pasajeros fueron trasladados a un hotel que, debido a la intensidad de los movimientos telúricos, sufrió un colapso estructural.

Las informaciones preliminares difundidas por organizaciones no gubernamentales indican que, tras el derrumbe del inmueble donde se alojaba a los recién llegados, solo 12 personas lograron sobrevivir. Esta situación ha generado un escenario de incertidumbre, ya que las autoridades venezolanas no han emitido un balance oficial que esclarezca el número exacto de víctimas mortales vinculadas específicamente a este edificio.

La falta de datos precisos por parte de los organismos gubernamentales mantiene en vilo a los familiares y a la opinión pública sobre el destino final de los pasajeros que fueron reubicados en dicho hotel tras su deportación. Mientras tanto, el caso pone de manifiesto la vulnerabilidad de los migrantes retornados, quienes se enfrentaron a una catástrofe natural poco después de culminar un proceso migratorio forzoso. La situación continúa bajo observación ante la ausencia de una comunicación oficial que detalle las circunstancias exactas del suceso y el estado de los afectados.