Médicos en Venezuela: de sobrevivientes del terremoto a primeros respondientes
Three Venezuelan doctors share their experience surviving the June 24 earthquake and their subsequent efforts to coordinate medical aid and community support.
Puntos clave:
- Contexto: Redactado por Redacción Orbynex y validado por la mesa editorial.
- Hecho central:Three Venezuelan doctors share their experience surviving the June 24 earthquake and their subsequent efforts to coordinate medical aid and community support.

El pasado 24 de junio, un sismo sacudió a Venezuela, transformando la realidad de miles de ciudadanos, incluidos tres profesionales de la salud: Rafael Cortés, José Rolando Ayala y Dayinnigh Ortiz. Durante los primeros instantes del movimiento telúrico, estos médicos dejaron de lado sus responsabilidades hospitalarias para convertirse en sobrevivientes, priorizando la seguridad de sus familias y la búsqueda de refugio. Esta experiencia personal, marcada por la vulnerabilidad, precedió a su retorno a la labor asistencial, donde enfrentaron una emergencia de proporciones complejas.
Cada uno vivió el evento desde una perspectiva distinta. Rafael Cortés, profesor de obstetricia, se encontraba en su residencia protegiendo a sus seres queridos cuando la estructura comenzó a oscilar. Por su parte, el internista José Rolando Ayala, jefe de servicio en el Hospital Universitario de Caracas, describió una sensación de muerte inminente mientras observaba el daño en su entorno doméstico, lo que lo llevó a pasar la primera noche fuera de su hogar. Mientras tanto, Dayinnigh Ortiz, médica residente, experimentó el sismo en soledad tras concluir su jornada en el CDI de la parroquia 23 de Enero, decidiendo reintegrarse a sus funciones profesionales apenas confirmó el bienestar de sus allegados.
Una vez superado el impacto inicial, los tres médicos canalizaron su vocación hacia la atención de las comunidades afectadas. Cortés, desde la Universidad Central de Venezuela, impulsó una red de apoyo para gestionar insumos médicos y equipos de rescate. Su labor no se limitó a la medicina clínica; comprendió que la magnitud del desastre exigía una coordinación estrecha entre la sociedad civil, ingenieros y rescatistas. Tras evaluar daños en sectores como Altamira, trasladó sus esfuerzos hacia La Guaira, donde la destrucción de infraestructuras había dejado a la población en un estado de profunda incertidumbre.
En el Hospital Universitario de Caracas, el doctor Ayala lideró la preparación del centro asistencial. Tras una evaluación estructural que descartó daños mayores, el hospital se organizó para recibir a los heridos provenientes de las zonas más impactadas. Sin embargo, el facultativo subrayó que la respuesta sanitaria debía trascender la atención de traumatismos agudos. Anticipó que la emergencia requeriría un seguimiento prolongado para pacientes con enfermedades crónicas y un acompañamiento psicológico para las familias desplazadas, reconociendo que las consecuencias del sismo se extenderían mucho más allá del cese de los movimientos telúricos.
Por su parte, la doctora Ortiz se integró a las jornadas de atención en el campamento transitorio de Chato Candela. Allí, su labor le permitió ver de cerca las historias personales detrás de la tragedia, atendiendo a quienes perdieron sus hogares y a los rescatados. La experiencia compartida por estos tres profesionales ilustra cómo, tras el miedo inicial, la vocación médica se adaptó a escenarios donde no existían consultorios ni camillas. Su trabajo conjunto con voluntarios y organizaciones civiles subraya la importancia de la organización comunitaria frente a desastres naturales, donde la solidaridad se convirtió en el eje fundamental para intentar restaurar la seguridad de los afectados.