La comunidad educativa de la Unidad Educativa Nacional Luis Hurtado Higuera, ubicada en el kilómetro 12 de El Junquito, Caracas, enfrenta una crisis prolongada debido a la ocupación de sus instalaciones por parte de familias damnificadas. Desde el pasado 24 de junio, tras los sismos registrados en esa fecha, el plantel ha servido como refugio temporal para 268 personas provenientes de La Guaira. Esta situación ha generado un impacto directo en la escolaridad de casi 2000 estudiantes, quienes actualmente ven clases bajo un esquema de emergencia que limita su formación a un solo día a la semana.

Representantes de la institución han denunciado el incumplimiento de los compromisos adquiridos por las autoridades del Ministerio de Educación. Según los afectados, hace más de 16 días se prometió la reubicación de las familias albergadas y la instalación de mesas de trabajo para abordar la problemática, acuerdos que hasta la fecha no se han materializado. A pesar de la creación de canales de comunicación digital con funcionarios gubernamentales, incluidos representantes de la Zona Educativa y del Centro de Desarrollo de la Calidad Educativa, los padres aseguran que no han recibido respuestas concretas ni soluciones a sus inquietudes.

La rezonificación aplicada por el Ministerio de Educación ha distribuido a los estudiantes en tres colegios privados de la zona: las unidades educativas Rey Jesús, Cristo Redentor y el Centro de Formación Integral San Francisco de Asís (CEFA). En estos espacios, la dinámica académica se ha visto drásticamente reducida. Los alumnos reciben instrucción en turnos de tres o cuatro horas continuas, sin recesos, y con una exigencia de rapidez por parte del personal docente para cumplir con el contenido programático.

Las familias han expresado su preocupación por las condiciones en las que se desarrolla el aprendizaje. Los estudiantes enfrentan restricciones estrictas de comportamiento, como la prohibición de hablar en voz alta o caminar por los pasillos, además de limitaciones en el uso de servicios básicos. Esta situación ha generado desmotivación y malestar emocional en los menores, quienes manifiestan rechazo a asistir a clases bajo estas condiciones. Adicionalmente, los representantes advierten sobre el deterioro de la infraestructura del Luis Hurtado Higuera, señalando que el mobiliario escolar, almacenado en áreas expuestas, se está dañando debido a las filtraciones provocadas por las lluvias.

La logística de transporte también representa un desafío significativo. Ante la escasez de unidades de transporte público en El Junquito y la ausencia de la ruta escolar prometida por la Zona Educativa, los padres deben incurrir en gastos adicionales para trasladar a sus hijos. La puntualidad exigida en los planteles receptores, sumada a la falta de transporte, ha provocado que estudiantes pierdan el acceso a sus clases por retrasos mínimos.

Aunque recientemente se ha reportado el traslado de algunas familias a viviendas asignadas en otros estados y en la capital, la incertidumbre persiste sobre el cronograma de desocupación total del plantel. Los representantes temen que, al momento de recuperar las instalaciones, la infraestructura no se encuentre en condiciones aptas para el retorno a las actividades regulares, comprometiendo el futuro académico de los estudiantes.