Tras el doble sismo registrado el pasado 24 de junio en Venezuela, el Estadio César Nieves, ubicado en Catia La Mar, se ha convertido en el hogar temporal de más de 1100 personas. Entre las carpas que delimitan este complejo, custodiado por efectivos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y la Milicia, la cotidianidad se ha transformado en una lucha constante por la supervivencia, marcada por la precariedad y la falta de condiciones sanitarias adecuadas para los damnificados.

Uno de los casos más críticos es el de Ronny Rodas, de 62 años, quien perdió su vivienda en el Bloque 1 de La Páez durante el movimiento telúrico. Rodas, paciente de cáncer de colon en etapa metastásica y portador de una colostomía desde principios de año, enfrenta una situación de extrema vulnerabilidad. La escasez de insumos médicos y el alto costo de los mismos lo obligan a reutilizar sus bolsas de recolección, lavándolas y desinfectándolas manualmente para evitar infecciones que, dada su condición, podrían ser fatales.

La infraestructura del refugio resulta insuficiente para garantizar la higiene necesaria. Aunque existen baños y duchas, el horario limitado de funcionamiento y el deterioro de las instalaciones han llevado a los residentes a compartir espacios de manera indiscriminada. Rodas, ante la imposibilidad de mantener la asepsia en el campamento, se ve obligado a trasladarse diariamente a un apartamento dañado en su antigua residencia para poder realizar sus cuidados médicos básicos en condiciones mínimas de limpieza.

La alimentación representa otro desafío significativo. Pese a la existencia de una cocina en el estadio, la calidad de los alimentos suministrados ha generado quejas constantes, obligando a los refugiados a depender de la ayuda de organizaciones no gubernamentales. Para pacientes como Rodas, cuya dieta debe ser estricta debido a su diagnóstico, la oferta de comida frita o pesada en el refugio supone un riesgo adicional para su salud digestiva, forzándolo a consumir lo disponible para evitar la desnutrición mientras gestiona dolores crónicos con medicación de alta intensidad.

La convivencia en el hacinamiento también ha generado tensiones internas. Se han reportado conflictos entre los refugiados, exacerbados por la precariedad y los problemas de salud mental derivados de la catástrofe. En el caso de Rodas, la administración del campamento tuvo que intervenir tras incidentes de inseguridad dentro de su carpa compartida, lo que evidencia la fragilidad de la organización en un entorno que, según denuncian los afectados, incumple con los estándares internacionales de asistencia humanitaria para asentamientos temporales.

A pesar de la adversidad, los damnificados en el Estadio César Nieves continúan enfrentando el día a día con la esperanza de recuperar la estabilidad perdida. La situación en este refugio de La Guaira refleja las profundas dificultades que enfrentan las familias venezolanas tras el desastre natural, donde la falta de servicios básicos y la fragilidad del sistema de salud complican la recuperación de los sectores más vulnerables.