Edificio Serenísima Sur: La Lucha de 72 Familias Tras Doble Sismo en Caracas
Las secuelas de un doble evento sísmico ocurrido en junio continúan afectando la vida de 72 familias en el edificio Serenísima Sur de Caracas. Los residentes conviven con daños estructurales y el desalojo temporal mientras avanzan las labores de demolición técnica y restauración, enfrentando desafíos para recuperar la normalidad y la seguridad en sus hogares.
Puntos clave:
- Contexto: Redactado por Redacción Orbynex y validado por la mesa editorial.
- Hecho central:Las secuelas de un doble evento sísmico ocurrido en junio continúan afectando la vida de 72 familias en el edificio Serenísima Sur de Caracas. Los residentes conviven con daños estructurales y el desalojo temporal mientras avanzan las labores de demolición técnica y restauración, enfrentando desafíos para recuperar la normalidad y la seguridad en sus hogares.

El edificio Serenísima Sur, ubicado en el centro-norte de Caracas, aún siente las réplicas de un doble evento sísmico que sacudió la costa central de Venezuela el pasado 24 de junio. Un movimiento telúrico de aproximadamente 60 segundos fue suficiente para causar graves daños en la estructura, alterando drásticamente la rutina y la intimidad de las 72 familias que residen en la torre de 12 pisos. Este incidente, parte de un evento sísmico mayor que dejó miles de fallecidos según reportes oficiales, ha obligado a los habitantes a enfrentar una realidad de muros colapsados y un desalojo temporal mientras se evalúan y ejecutan las labores de recuperación.
La experiencia durante el sismo fue de profundo pánico. Evelyn Luna, residente del quinto piso, relató cómo intentaba proteger a su hijo de 17 años, diagnosticado con trastorno del espectro autista, mientras las divisiones de su apartamento cedían. La mascota familiar huyó desorientada en medio del caos, dificultando la evacuación. Tras el evento principal y las réplicas, los residentes se vieron obligados a evacuar rápidamente, rescatando lo esencial antes de abandonar el inmueble. La primera noche, la totalidad de los vecinos pernoctó a la intemperie en una plaza cercana, buscando refugio ante la incertidumbre y el temor.
Las secuelas del terremoto han forzado a muchos a buscar soluciones temporales de vivienda, a menudo bajo condiciones precarias. Luna y su hermana alquilaron un espacio reducido en la zona de Longaray, donde seis personas conviven con hacinamiento, escasez de agua y altas temperaturas. Esta situación, lejos de su entorno habitual, ha impactado la estabilidad de su hijo autista, quien requiere de rutinas predecibles. La labor de supervisión de las obras de restauración recae en miembros de la junta de condominio como Luna, quienes deben acudir frecuentemente al edificio, añadiendo estrés a una situación ya de por sí compleja.
Los daños estructurales en el edificio Serenísima Sur son significativos. La mampostería de las paredes medianeras, que separan los apartamentos en los primeros seis niveles, resultó gravemente afectada. Esta circunstancia ha eliminado las divisiones internas, creando espacios comunes forzados y alterando la privacidad de los residentes. Yomayra Bastidas Briceño, una residente de más de 60 años, menciona la constante presencia de polvo de los derribos y su preocupación por grietas estructurales que comunican con el hueco de los ascensores, a pesar de su resignación ante la ausencia de muros.
Desde el pasado 20 de agosto, la Gobernación del Distrito Capital ha iniciado la demolición controlada de las partes afectadas, con planes de concluir la primera etapa en aproximadamente un mes. Sin embargo, el avance de las obras se ve frecuentemente paralizado por la falta de insumos de construcción. La sustitución inmediata de bloques es necesaria para evitar que las viviendas queden expuestas a las inclemencias del tiempo. La coordinación para continuar con las demoliciones de manera controlada depende de la disponibilidad de materiales, lo que genera retrasos.
La incertidumbre persiste entre los propietarios de la torre Serenísima Sur. La esperanza de regresar pronto a sus hogares está ligada a la agilización de los trabajos de restauración, que a su vez dependen de un suministro constante de materiales. La seguridad estructural es la principal preocupación, y su garantía es indispensable antes de que los residentes puedan habitar nuevamente sus viviendas. La comunidad espera que la logística de suministro se normalice para poder superar esta difícil etapa y recuperar la normalidad en sus vidas.