El reciente terremoto que sacudió la península de Azuero, en el suroeste de Panamá, ha liberado una cantidad significativa de energía que se había acumulado durante aproximadamente un siglo en el sistema de fallas Azuero-Soná. Néstor Luque, director del Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, explicó que este evento telúrico, cuya magnitud fue situada en 7,5 por las autoridades locales y en 7,7 por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), representa un alivio de tensión tectónica considerable. Según el experto, no se esperaría un nuevo sismo de igual magnitud en esa zona específica en el corto plazo, comparando la energía liberada con un evento similar ocurrido en 1913.

A pesar de esta liberación de energía, el geólogo enfatizó que la actividad sísmica es inherentemente impredecible. Por tanto, no es posible descartar de manera definitiva la ocurrencia de futuros terremotos de gran magnitud en la región. Panamá se encuentra geológicamente situada sobre el bloque de Panamá, una microplaca rodeada por cuatro placas tectónicas mayores: la del Caribe, la de Coco, la de Nazca y la de Sudamérica. Esta configuración convierte al país en una zona de alta actividad tectónica que requiere una preparación continua ante posibles desastres naturales.

El impacto del sismo se ha reflejado en daños materiales extensos, afectando a más de dos mil infraestructuras en todo el país, especialmente en la península de Azuero. Los reportes oficiales indican afectaciones en más de 1.280 residencias, 619 centros escolares, decenas de edificios gubernamentales, iglesias, centros de salud y hoteles, además de daños en vías y puentes. Afortunadamente, el evento no ha dejado víctimas mortales, registrándose únicamente cerca de una treintena de heridos leves.

En cuanto a la actividad posterior, se han contabilizado alrededor de 350 réplicas hasta la fecha. Luque señaló que, aunque este proceso de reacomodación de las fallas puede prolongarse durante meses, la frecuencia y magnitud de los movimientos han disminuido progresivamente. Mientras que en las primeras horas se registraron réplicas cercanas a magnitud 6, los eventos actuales han descendido a rangos de entre 3 y 4, volviéndose cada vez más espaciados.

Finalmente, el experto advirtió sobre el riesgo sísmico en la capital. Estudios realizados durante la ampliación del Canal de Panamá sugieren que las fallas cercanas a Ciudad de Panamá tienen el potencial de generar sismos de magnitud cercana a 7. Ante este escenario, el Gobierno ha iniciado la revisión de infraestructuras críticas, como escuelas y hospitales, para evaluar su resistencia. Luque concluyó subrayando la necesidad de continuar con los estudios de fallas activas y tipos de suelo, reafirmando que Panamá es un país tectónicamente activo que debe mantener su preparación ante futuros eventos.