Casi 40 días después del doble sismo que sacudió la región central de Venezuela el pasado 24 de junio, la red hospitalaria de Caracas enfrenta una crisis operativa sin precedentes en sus servicios de consulta externa. El evento sísmico no solo provocó daños en la infraestructura física de los centros de salud, sino que agravó las deficiencias preexistentes en el sistema público, obligando a la suspensión de interconsultas y a una reprogramación masiva de evaluaciones médicas. Esta situación ha dejado a cientos de pacientes, que requieren atención especializada, ante tiempos de espera que superan los dos meses, sin garantías de una respuesta inmediata.

En hospitales emblemáticos como el Dr. Miguel Pérez Carreño y el Hospital Vargas, la realidad cotidiana se traduce en filas desde la madrugada y una saturación evidente. Pacientes que acuden con órdenes médicas para especialidades como Neumología, Urología u Oftalmología se encuentran con agendas cerradas o cupos limitados. En el caso de Neumología, por ejemplo, la falta de personal y la priorización de las urgencias durante la contingencia sísmica han provocado que las citas para primeras consultas sean asignadas para finales de septiembre, obligando a algunos usuarios a buscar alternativas en otros centros asistenciales ante la imposibilidad de esperar tanto tiempo.

La situación se repite en servicios críticos como Oftalmología, donde la disponibilidad para pacientes de primera vez es nula hasta mediados de agosto. A esta dificultad de acceso se suma la exigencia constante a los pacientes de proveer sus propios insumos médicos, desde sondas y jeringas hasta guantes. Esta carencia de materiales básicos, que según registros de la Encuesta Nacional de Hospitales oscila entre el 36 % y el 54 %, obliga a las familias a costear por su cuenta los implementos necesarios para ser atendidos, profundizando la brecha de desigualdad en el acceso a la salud.

El colapso administrativo también es evidente en la gestión de turnos. En el Hospital Vargas, la entrega de números diarios para asignar citas es insuficiente, con límites de apenas 50 cupos por jornada, lo que desplaza la atención de muchos pacientes hacia finales de año. De igual manera, el Hospital Universitario de Caracas ha mantenido restricciones en servicios como ecosonogramas, donde las consultas por primera vez fueron suspendidas hasta mediados de septiembre. Aunque algunas áreas han reactivado sus labores tras la pausa obligatoria por el sismo, los libros de citas permanecen colapsados.

Hasta la fecha, las autoridades del Ministerio de Salud y las directivas de los centros asistenciales no han emitido un pronunciamiento oficial sobre un plan de contingencia para mitigar la falta de médicos y el deterioro de la infraestructura. Mientras tanto, los pacientes continúan enfrentando largas jornadas de espera, lidiando con la escasez de especialistas y la incertidumbre de un sistema que, tras el impacto del terremoto, ha visto acentuadas sus carencias estructurales, dejando a los ciudadanos sin opciones claras para recibir atención médica oportuna.