Tras los terremotos ocurridos el pasado 24 de junio en La Guaira, el sistema de salud local ha enfrentado una crisis que trasciende la infraestructura colapsada. La emergencia dejó a cientos de mujeres, especialmente embarazadas y madres recientes, en una situación de vulnerabilidad extrema, al perder el acceso a sus controles médicos, historias clínicas y centros de atención. Ante este panorama, la Fundación Más que un Aporte ha implementado jornadas de atención ginecológica y obstétrica en sectores afectados, incluyendo un hospital de campaña improvisado en las instalaciones de un restaurante en Caraballeda.

El impacto del desastre natural fue inmediato y traumático para muchas pacientes. En el Hospital del Seguro Social de La Guaira, el sismo provocó escenas de caos que obligaron a familiares y voluntarios a evacuar a neonatos prematuros en condiciones precarias, ante la falta de respuesta institucional inicial. Meses después, mujeres como Claris Marcos, quien vivió la angustia de sacar a su hija prematura del centro médico durante el movimiento telúrico, aún enfrentan las secuelas físicas y emocionales de aquel evento, buscando ahora la atención ginecológica que les fue interrumpida.

La situación se agrava por las condiciones de vida en los refugios y campamentos improvisados donde residen muchas de las afectadas. La falta de agua potable, la carencia de saneamiento adecuado y la imposibilidad de mantener una alimentación balanceada han incrementado los riesgos obstétricos, tales como infecciones urinarias y complicaciones que podrían derivar en partos prematuros. El ginecobstetra Alejandro Pazos, director médico de la fundación, advierte que el estrés postraumático y la inestabilidad del entorno también comprometen la salud tanto de las madres como de los bebés en gestación.

Las jornadas médicas no solo buscan retomar los controles prenatales, sino también identificar casos de alto riesgo. Para muchas mujeres, estos espacios representan la única oportunidad para recibir orientación profesional o escuchar el latido de sus hijos, un alivio necesario en medio de la incertidumbre. La pérdida de maternidades operativas en la zona ha dejado a muchas gestantes en su último trimestre sin un lugar donde dar a luz, aumentando la presión sobre un sistema de salud ya desbordado.

Un foco de especial preocupación para los especialistas es la población adolescente. La falta de supervisión familiar en los albergues y la precariedad del entorno han expuesto a las jóvenes a mayores riesgos de violencia y embarazos no planificados. En respuesta, la iniciativa incluye un programa de planificación familiar que distribuye métodos anticonceptivos de forma gratuita, con el objetivo de prevenir una segunda crisis sanitaria. Pazos enfatiza que la respuesta humanitaria debe ir más allá de la entrega de insumos básicos, integrando protocolos de protección específicos para mujeres y niñas, quienes enfrentan riesgos diferenciados en situaciones de desastre.