Más de 1.600 personas permanecen alojadas en el campamento transitorio instalado en el estadio César Nieves de Catia La Mar, en el estado La Guaira. A más de un mes y medio del doble terremoto que afectó a la región, los damnificados continúan a la espera de soluciones habitacionales definitivas, mientras intentan adaptarse a la vida en carpas. El refugio, que surgió de manera improvisada el 24 de junio por iniciativa de los propios vecinos, acoge actualmente a unas 459 familias que perdieron sus hogares o cuyas viviendas quedaron en condiciones de alto riesgo.

La rutina diaria en el recinto se define por la espera constante: atención médica, suministro de alimentos, agua, kits de higiene y bonos de ayuda estatal. Los afectados, que perdieron sus empleos y carecen de recursos para movilizarse, conviven en un espacio abierto donde las carpas se despliegan por las gradas, pasillos y estacionamientos. Aunque algunos han logrado acondicionar sus espacios con literas, colchones o incluso neveras conectadas a tomas eléctricas, la mayoría enfrenta las dificultades propias de la convivencia masiva y las altas temperaturas del litoral central.

La incertidumbre sobre el futuro es el denominador común entre los refugiados. Personas como Arcenia Mayora, cuya vivienda colapsó tras el sismo, relatan que la mayor parte del día transcurre aguardando noticias sobre reparaciones o reubicaciones. Por su parte, Jogeisy Martínez, otra de las afectadas, señala que, aunque reciben asistencia, la situación es compleja, especialmente para los niños. Muchos menores presentan cuadros de ansiedad y trauma, lo que ha obligado a las autoridades y organizaciones a implementar estrategias de contención emocional.

Para mitigar el impacto psicológico en la infancia, se han habilitado "espacios amigables" dentro del campamento. Estas áreas, gestionadas por organismos internacionales como Unicef y otras entidades aliadas, ofrecen zonas seguras para el esparcimiento y la atención especializada. Adicionalmente, el Ejecutivo nacional organiza actividades recreativas con músicos, magos y payasos para intentar normalizar, en la medida de lo posible, la vida cotidiana de los damnificados.

La logística de asistencia cuenta con el apoyo de organizaciones internacionales de diversos países, que han facilitado baños portátiles, tanques de agua y sistemas de electricidad. No obstante, voluntarios como Jennifer Acevedo advierten sobre la necesidad de una mayor estructura en la distribución de los recursos. Según Acevedo, existe una concentración de ayuda en los refugios oficiales, mientras que muchas familias que permanecen en campamentos improvisados o en las cercanías de sus viviendas destruidas quedan desatendidas.

La voluntaria enfatiza que, además de la ayuda humanitaria inmediata, es fundamental implementar criterios de empleabilidad para los habitantes de La Guaira. Esta medida permitiría brindar opciones de superación económica a los afectados, quienes actualmente dependen casi exclusivamente de las donaciones y la asistencia estatal para subsistir mientras aguardan una solución definitiva a su crisis habitacional.