Tras el violento terremoto de magnitud 7,4 que sacudió recientemente a Colombia, la urbanización Reserva de Meléndez, situada en las laderas de Cali, se ha convertido en el epicentro de una crisis humanitaria. Cerca de 200 familias han optado por instalar carpas improvisadas frente a sus edificios, ante el temor latente de que las estructuras colapsen definitivamente. Los residentes, que observan con angustia sus viviendas marcadas por grietas profundas y techos desprendidos, se niegan a abandonar el lugar por miedo a posibles saqueos, organizando turnos de vigilancia para proteger sus pertenencias.

La situación en este sector de la Comuna 18 es crítica. Muchos de los afectados aún pagan créditos hipotecarios por sus apartamentos o viven en condición de alquiler, lo que incrementa la incertidumbre sobre su futuro habitacional. Katherine Almeida, vocera de la comunidad, señaló que la prioridad actual es la llegada de expertos en suelos que evalúen la estabilidad de las torres, ya que las fisuras visibles en la infraestructura generan una desconfianza absoluta sobre la seguridad de retornar a los inmuebles.

El impacto del sismo ha dejado una huella de dolor profundo en la comunidad, marcada por el fallecimiento de una mujer que perdió la vida al intentar proteger a sus dos hijos durante el desplome de una pared. Este trágico suceso ha sumido a los vecinos en el luto, mientras los niños involucrados reciben atención médica, uno de ellos permaneciendo en cuidados intensivos. Esta pérdida se suma a las dificultades de un sector que ya enfrentaba condiciones de vulnerabilidad económica y social antes del desastre natural.

A pesar de la adversidad, ha surgido una red de solidaridad espontánea. Habitantes de barrios aledaños han coordinado la entrega de alimentos y agua, mientras que profesionales de la salud y voluntarios ofrecen asistencia psicológica en el campamento. Incluso en medio de las altas temperaturas que alcanzan los 30 grados, grupos de voluntarios y animadores han buscado brindar un alivio temporal a los niños, quienes permanecen lejos de sus hogares y juguetes.

Las cifras oficiales de la Alcaldía de Cali ilustran la magnitud del desastre en la ciudad: se reportan 46 edificaciones con colapso total, otras 46 con daños parciales y más de 1.100 estructuras con afectaciones significativas. Aunque las autoridades han desplegado a 1.800 rescatistas y han logrado retirar más de 8.000 toneladas de escombros, para las familias de la Reserva de Meléndez la espera por respuestas técnicas definitivas continúa. Mientras tanto, la vida bajo las carpas suministradas por el Ejército Nacional se mantiene como la única alternativa para quienes, por ahora, no tienen otro lugar a donde ir.