A un mes del doblete sísmico que sacudió a Venezuela el pasado 24 de junio, el sector educativo continúa evaluando las devastadoras consecuencias de este evento natural. La tragedia no solo ha dejado una huella profunda en la infraestructura escolar, sino que ha cobrado un alto costo en vidas humanas dentro del gremio docente, generando una crisis que las autoridades y organizaciones del sector intentan dimensionar con precisión.

Fausto Romeo, director de la organización Consenso Educativo, informó recientemente sobre el impacto humano de los sismos. Según los datos recopilados por la institución, al menos 120 profesionales de la educación, incluyendo tanto a personal activo como a jubilados, perdieron la vida a causa de los movimientos telúricos. Romeo expresó su pesar ante estas pérdidas irreparables, subrayando la gravedad de la situación que atraviesa el sector tras el desastre.

Además de las víctimas entre el personal docente, existe una creciente preocupación por el número de alumnos afectados. Aunque el representante de Consenso Educativo confirmó que manejan reportes sobre estudiantes fallecidos, prefirió mantener cautela y no divulgar cifras específicas por el momento. Romeo explicó que la organización está a la espera de consolidar la información oficial antes de hacer públicos los datos, aunque admitió que, lamentablemente, la cifra de estudiantes fallecidos podría ser superior a la de los docentes.

En cuanto a la infraestructura educativa, el panorama presenta desafíos significativos para el próximo año escolar. El balance preliminar indica que 18 planteles educativos ubicados en Caracas, La Guaira y Miranda sufrieron un colapso total. Debido a la magnitud de los daños, estas instituciones no estarán en condiciones de retomar sus actividades académicas en septiembre u octubre, ya que su reconstrucción requerirá un proceso de largo plazo.

Adicionalmente, se han contabilizado otros 45 centros educativos que presentan daños de consideración. A diferencia de las escuelas que colapsaron, estas estructuras principales se mantienen en pie, lo que ofrece un margen de maniobra para su recuperación. No obstante, Romeo precisó que estos edificios sufrieron afectaciones en muros, paredes, puertas y otros elementos estructurales secundarios que deben ser reparados obligatoriamente antes de que se pueda garantizar un entorno seguro para el reinicio de las actividades escolares.

La comunidad educativa se enfrenta ahora a un escenario complejo donde la prioridad es, por un lado, el duelo por las pérdidas humanas y, por otro, la urgente necesidad de rehabilitar los espacios de aprendizaje. Con el inicio del nuevo ciclo escolar acercándose, la capacidad de respuesta ante estos daños estructurales y la atención a las familias afectadas marcarán el ritmo de la recuperación en las zonas más golpeadas por los terremotos del 24 de junio.