A un mes de los sismos que sacudieron a Venezuela el pasado 24 de junio, la respuesta ante la emergencia ha puesto de relieve el papel determinante de las organizaciones sociales y el tejido vecinal. Luis Palacios, coordinador de la organización Mi Convive, subrayó recientemente que la capacidad de respuesta ante la catástrofe ha dependido, en gran medida, del liderazgo comunitario y de la solidaridad espontánea que ha surgido entre los ciudadanos afectados. Según el representante, este periodo ha sido testigo de una movilización social sin precedentes, donde incluso personas que sufrieron pérdidas personales directas han mantenido su compromiso con el bienestar de sus vecinos.

El impacto de los terremotos no solo se ha limitado a la destrucción de infraestructura, sino que ha generado una crisis humanitaria compleja, marcada por el desplazamiento de familias y la pérdida de medios de subsistencia. En este contexto, la labor de Mi Convive se ha centrado en fortalecer las capacidades de resiliencia y organización local. Palacios explicó que la estrategia de la organización no es una intervención genérica, sino que se adapta a las particularidades y necesidades específicas de cada punto afectado, siempre operando en estrecha colaboración con los líderes locales, quienes conocen de primera mano la realidad de sus sectores.

Uno de los pilares fundamentales de este trabajo es el acompañamiento psicosocial. La organización ha implementado programas destinados a gestionar el trauma colectivo que se vive en los refugios, espacios donde la convivencia se vuelve un desafío adicional ante la precariedad. Además de brindar contención emocional, los equipos de Mi Convive trabajan en la mediación de conflictos internos, fomentando un ambiente de apoyo mutuo que permita a las familias sobrellevar la situación de emergencia mientras esperan soluciones habitacionales definitivas.

La crisis económica derivada de los sismos ha agravado la situación de vulnerabilidad en las zonas impactadas. Muchos establecimientos comerciales fueron saqueados o destruidos, dejando a una parte significativa de la población sin empleo ni ingresos. Ante este escenario, la organización ha redirigido parte de sus esfuerzos hacia la recuperación económica de los afectados. Esto incluye programas de formación en diversos oficios, la identificación de talentos locales y la creación de oportunidades que permitan a los ciudadanos retomar su autonomía financiera.

Para lograr estos objetivos, Mi Convive ha establecido alianzas estratégicas con otras organizaciones, lo que ha permitido optimizar la distribución de recursos y mejorar la atención integral a las víctimas. El enfoque, según Palacios, sigue siendo la confianza en el liderazgo comunitario como motor de cambio. A través de la formación de nuevos líderes y el apoyo constante, la organización busca no solo atender la emergencia inmediata, sino también sentar las bases para una reconstrucción social más sólida y organizada, capaz de enfrentar los retos que persisten tras un mes de la tragedia.