Personal de salud en Venezuela enfrenta secuelas emocionales tras sismos en La Guaira
Un informe del Colegio de Enfermeros de Carabobo revela que más del 60 % del personal de salud que atendió la emergencia por los sismos del 24 de junio en La Guaira presenta secuelas psicológicas, evidenciando el impacto del trauma post-desastre en los trabajadores sanitarios.
Puntos clave:
- Contexto: Redactado por Redacción Orbynex y validado por la mesa editorial.
- Hecho central:Un informe del Colegio de Enfermeros de Carabobo revela que más del 60 % del personal de salud que atendió la emergencia por los sismos del 24 de junio en La Guaira presenta secuelas psicológicas, evidenciando el impacto del trauma post-desastre en los trabajadores sanitarios.

Tras los sismos ocurridos el pasado 24 de junio en el estado La Guaira, el personal de salud que se trasladó desde Carabobo para atender la emergencia enfrenta ahora un complejo proceso de recuperación emocional. Médicos y enfermeros, quienes trabajaron jornadas superiores a las 72 horas continuas entre escombros y edificios colapsados, reportan secuelas psicológicas significativas que han comenzado a manifestarse una vez finalizada la fase de respuesta inmediata.
El fenómeno, descrito por especialistas como un "duelo diferido", ocurre cuando el cerebro, tras abandonar el estado de alerta máxima necesario para la supervivencia y la atención de víctimas, comienza a procesar la impotencia acumulada. Profesionales como la doctora Karen Figuera y el enfermero Julio García, presidente del Colegio de Enfermeros de Carabobo, han relatado episodios de insomnio, hipervigilancia y crisis de llanto, síntomas que surgieron al cesar la urgencia operativa y regresar a sus entornos habituales.
Un informe diagnóstico elaborado por el Colegio de Enfermeros del estado Carabobo, basado en una muestra de 749 profesionales que participaron en las labores de rescate, revela cifras alarmantes sobre el impacto en este sector. Según el documento, más del 60 % del personal evaluado presentó secuelas psicológicas. De este grupo, un 54,34 % fue clasificado con afectación moderada por estrés y agotamiento, mientras que un 6,01 % registró daños emocionales de nivel alto que requirieron intervención profesional inmediata.
La psicóloga Giezy Corrales explica que, ante desastres de gran magnitud, el organismo activa mecanismos de supervivencia que liberan cortisol y adrenalina, permitiendo una respuesta automática. Sin embargo, este estado tiene un límite biológico. Cuando la hipervigilancia se prolonga sin descansos adecuados o relevos, el sistema comienza a fallar. A esto se suma el trauma secundario derivado de la exposición constante al dolor ajeno y la denominada "trampa de la culpa", donde los trabajadores sanitarios se cuestionan su desempeño ante la imposibilidad de salvar a todas las víctimas.
Además del impacto psicológico, el personal de salud enfrentó condiciones adversas durante su despliegue, incluyendo la escasez de insumos, fallas en los servicios básicos y la inseguridad alimentaria. El informe también documentó daños materiales y físicos dentro del gremio: nueve enfermeros fallecieron, 114 sufrieron lesiones físicas, y más del 28 % perdió total o parcialmente sus viviendas, obligando a muchos a pernoctar en refugios o casas de familiares.
Expertos en salud mental subrayan la necesidad urgente de desmitificar la vulnerabilidad del personal sanitario. Aunque estos profesionales cuentan con formación técnica para situaciones críticas, el abordaje emocional requiere espacios de acompañamiento profesional. La identificación temprana de síntomas y la eliminación del estigma asociado a pedir ayuda son fundamentales para evitar que la carga emocional derive en consecuencias más graves para quienes estuvieron en la primera línea de la emergencia.