La reciente presencia de calima en el territorio venezolano, producto de la llegada de concentraciones de polvo proveniente del desierto del Sahara, ha generado inquietud entre la ciudadanía. Ante la preocupación de que este fenómeno atmosférico pudiera estar relacionado con las partículas de escombros derivadas de los sismos registrados el pasado 24 de junio en el norte del país, expertos han aclarado que ambos eventos no guardan vínculo alguno y poseen impactos diferenciados en la calidad del aire.

Valdemar Andrade, meteorólogo e investigador de la Estación Hidrometeorológica de la Universidad Central de Venezuela (UCV), explicó que la masa de aire seco cargada de partículas minerales que atraviesa el Caribe es un fenómeno recurrente durante la época de lluvias. Según el especialista, aunque tanto el polvo sahariano como los restos de los derrumbes liberan material en suspensión, la magnitud de la nube africana es inmensamente superior. El volumen de polvo generado por los escombros tras los sismos es insignificante en comparación y representa un hecho puntual de corta duración que no altera la densidad del fenómeno sahariano.

El Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh) ha señalado que esta nube de aire seco, que reduce la claridad del aire y otorga al cielo un tono opaco, se mantendrá sobre la franja del Caribe por períodos de cinco a siete días. Aunque la densidad actual es baja y no requiere alertas sanitarias extraordinarias, las autoridades de salud recomiendan precauciones básicas para grupos vulnerables, como personas con enfermedades respiratorias crónicas, adultos mayores y niños. Entre las medidas sugeridas destacan el uso de mascarillas en caso de concentraciones densas, la protección ocular y cubrir los depósitos de agua para evitar la contaminación por partículas.

Más allá de la calima, el panorama climático para los próximos meses presenta desafíos adicionales. Andrade advirtió que Venezuela enfrentará una temporada marcada por la influencia del fenómeno de El Niño, el cual se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales en el océano Pacífico. Este evento, clasificado en su categoría más fuerte debido a un aumento superior a los dos grados Celsius en la temperatura del agua, se extenderá hasta febrero de 2027.

Las proyecciones indican que este ciclo climático traerá consigo una disminución en las precipitaciones y un aumento significativo de las temperaturas. Según los modelos de pronóstico, el mes de octubre registrará los picos de calor más intensos en el territorio nacional. Esta situación se ve agravada por la acumulación de partículas en la atmósfera, que actúan como una barrera reteniendo la radiación solar y generando un efecto invernadero, lo que explica la sensación sofocante reportada por los ciudadanos en días recientes.

Finalmente, el experto subrayó que, si bien la historia climática desde 1950 muestra que la intensidad de El Niño no garantiza siempre una sequía extrema, los modelos actuales apuntan a un escenario de lluvias escasas. La combinación de estos factores meteorológicos exige una atención constante a las recomendaciones de las autoridades para mitigar los efectos del calor y la calidad del aire en la salud pública.