El reciente sismo que sacudió el territorio colombiano ha dejado un panorama crítico, especialmente en el departamento del Chocó, una de las zonas con mayores índices de pobreza en el país. Según Nils Grede, director del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (ONU) en Colombia, el movimiento telúrico impactó de manera desproporcionada a las comunidades con menos recursos y menor capacidad de resiliencia para afrontar una crisis de esta magnitud. La geografía del Chocó, caracterizada por comunidades dispersas que dependen principalmente de vías fluviales para su comunicación, presenta un desafío logístico significativo para las labores de asistencia humanitaria.

Las cifras oficiales del gobierno colombiano reflejan la gravedad de la situación: el sismo ha causado 265 víctimas mortales, 3.500 heridos y cerca de 500 desaparecidos. Además, se contabilizan más de 25.000 familias damnificadas, con 1.600 viviendas colapsadas y otras 4.000 con daños estructurales. El Valle del Cauca es el departamento más afectado, con casi 36.000 personas damnificadas, seguido por el Chocó, que registra más de 13.100 afectados. A pesar de estas cifras, Grede señaló que la menor densidad urbana en las zonas rurales podría haber mitigado un número mayor de fatalidades, en comparación con los núcleos urbanos más densamente poblados como Cali, Pereira, Manizales y Quibdó.

La respuesta humanitaria se encuentra en una etapa crucial de coordinación. La ONU ha solicitado 23 millones de dólares con el objetivo de asistir a 100.000 personas durante los próximos tres meses, priorizando la entrega de alimentos, agua, saneamiento y la instalación de hospitales de campaña. Grede expresó su esperanza de iniciar la distribución de suministros este fin de semana, utilizando los recursos disponibles en las bodegas de la organización y los fondos recaudados.

En el ámbito político, la gestión de la emergencia ha marcado un cambio de postura por parte del gobierno del presidente Abelardo de la Espriella. Tras un inicio en el que se desatendieron las ofertas de apoyo internacional, el canciller Omar Bula solicitó formalmente la asistencia de la ONU en una reunión con organismos humanitarios. Actualmente, las agencias internacionales mantienen una coordinación constante con la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, a la espera de identificar las brechas específicas que deben cubrir para complementar la capacidad de respuesta estatal.

El representante de la ONU destacó que, a pesar de que el sismo ocurrió en un momento complejo debido a la transición gubernamental —apenas tres días después de la toma de posesión del nuevo mandatario—, Colombia cuenta con una institucionalidad sólida y una capacidad de respuesta ante emergencias que facilitará el trabajo conjunto. Las organizaciones humanitarias continúan desplegadas en diversas regiones, enfocadas en la evaluación de daños y necesidades para adaptar la ayuda de manera efectiva.